Comienza el curso y El Despertar prosigue andadura

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Tras nuestro descanso vacacional, merecido por otra parte, volvemos a la carga con otra entrada más. Como no os vamos a contar qué hemos hecho en nuestras escapadas estivales, ya que no somos ni ese tipo de personas, ni este blog trata de viajes intensos a lugares exóticos (aunque estemos trabajando en los retiros a lugares fantásticos incluso cuando se impone el descanso), os narraremos lo que nos aconteció justo antes de agosto: nuestro fugaz paso por la Navacom, Convención de Rol y Fantasía de Navacerrada, aunque os advertimos que hay poco que contar.
La impresión general sobre la convención fue buena. Volvimos a reencontrarnos con viejos conocidos, algún que otro «ciclofan» que hacía años que no veíamos y disfrutamos de una jornada interesante y fresquita, lo que ya de por sí hubiera sido una alegría con el calor que hizo en julio en Madrid. Con respecto a nuestra participación en la Navacom fue todo lo bien que cabía esperar. En este punto es donde más hincapié vamos a hacer ya …

Liber, la feria de los 5 euros

Este fin de semana, por aquello de ampliar nuestros conocimientos editoriales y para tantear cómo está el patio, nos hemos dado una vuelta por Liber, cita que se promocionaba como una de las ferias más importantes del mercado editorial en lengua castellana. No sabemos si lo será, lo que sí tenemos claro es que, entre nosotros, la hemos apodado la feria de los 5 euros, precio de la entrada, las cervezas y los bocadillos, sin duda, valor excesivo para los tiempos que corren. 

Nuestra incursión tuvo lugar el sábado ya que, aunque la feria se inauguró el día 2, hasta el día 4 sólo se permitía el acceso a profesionales. El fin de semana quedó así para el público en general, previo pago de los cinco euros de marras que tenían el detalle de descontarte de tu compra posterior, si la efectuabas. Una estrategia de marketing como cualquier otra, pero que en estos momentos me recordaba la frase de un tabernero gruñón de mi pueblo que, cuando éramos adolescentes, al vernos pasar el tiempo y habiendo solo tomado una ronda de lo más barato, nos soltaba con cierto recochineo: “Que esto es un bar y aquí se viene a consumir”.

Y a consumir era precisamente a lo que no invitaba la feria, porque pagar otros cinco euros por una cervecita o un bocadillo embolsado me parece, a todas luces, abusivo, aunque uno estuviera seco y desfallecido después de recorrer los tres pisos por los que se desparramaba el evento, ubicado en el Madrid Arena, un recinto de ingrato recuerdo para los madrileños. Eso sí, hizo un día estupendo y descubrimos que la luz natural del local es fabulosa. 

Perdonad que nuestra visión sea tan negativa, pero a ello también ayudó el enterarnos de que este mes RBA ha decidido cerrar la colección de literatura fantástica, noticia que nos afecta directamente porque nos priva de una de las pocas opciones editoriales que nos quedan. 

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