El Despertar reafirma presencia y éxitos feriales

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Ha sido nuestra tercera experiencia como autores con una mano delante y otra detrás que logran hacerse un hueco en las grandes ferias y no erramos si repetimos lo que dice el refrán, «a la tercera va la vencida». Así nos sentimos: orgullosos, felices, agradecidos y emocionados (como la gran Lina Morgan, que en paz descanse). Y es que nos corre por las venas un sentimiento festivo que no nos lo agria ni Donald Trump (que ni descansa en paz ni deja descansar). A lo que vamos, nos hemos sentido más comprendidos, queridos y arropados que nunca. Lo que, en definitiva, se ha reflejado en las ventas, que se han dado muy bien. Por todo ello, gracias a todos.

Gracias a los amigos que os habéis acercado a darnos ánimo y buena conversación. Gracias a los que habéis apostado por nosotros comprando nuestra novela ante tan buena y extensa competencia, sin conocernos de nada. Gracias a los que, aún conociéndonos, habéis decidido reafirmar vuestra apuesta por nosotros ahora en nuestra faceta de escr…

Primer capítulo de una novela inédita en alabastro, lo nunca visto


Septiembre: ¿Estás sufriendo el síndrome post-vacacional? ¿No te has podido ir de vacaciones porque no te llegaba la pasta y estás canino en cuanto a ofertas de trabajo? ¿Agobiado por la rutina y el gasto de la vuelta al cole? ¿No sabes por dónde empezar tus proyectos? ¿Te has caído y no puedes levantarte? ¿Alguien no consigue ver al lindo gatito? Echa el freno, respira hondo, cuenta por lo menos hasta tres. No todo en este mes es estresante. En quince días podrás tener en tus manos “Después de un largo sueño”, el primer capítulo de El Despertar (Ciclo de la Torre Negra), disponible en varios formatos: .pdf, .epub, y cincelado en alabastro. Relájate y evádete durante unas páginas. Tu mente y tu cuerpo te lo agradecerán y, por supuesto, tendrás un tema diferente del que hablarle a tu gente. 

Para abrir boca, ahí va el primer párrafo:
“Era una noche tempestuosa. La lluvia golpeaba con fuerza la puerta, el techo y las ventanas de aquella pequeña posada. Los relámpagos iluminaban todo con sus estallidos de luz. Los truenos estremecieron al dueño del lugar. Aquel hombre había soportado muchas tormentas y para espantarlas se mantenía en constante actividad. Ahora secaba deprisa los cuencos con un trapo detrás de la barra donde servía a los paisanos; solo frecuentada por uno de ellos, y miraba a su hermosa hija cómo recogía las mesas; vacías en su mayoría. El posadero meneaba la cabeza: hoy no había sido un buen día…”

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