Comienza el curso y El Despertar prosigue andadura

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Tras nuestro descanso vacacional, merecido por otra parte, volvemos a la carga con otra entrada más. Como no os vamos a contar qué hemos hecho en nuestras escapadas estivales, ya que no somos ni ese tipo de personas, ni este blog trata de viajes intensos a lugares exóticos (aunque estemos trabajando en los retiros a lugares fantásticos incluso cuando se impone el descanso), os narraremos lo que nos aconteció justo antes de agosto: nuestro fugaz paso por la Navacom, Convención de Rol y Fantasía de Navacerrada, aunque os advertimos que hay poco que contar.
La impresión general sobre la convención fue buena. Volvimos a reencontrarnos con viejos conocidos, algún que otro «ciclofan» que hacía años que no veíamos y disfrutamos de una jornada interesante y fresquita, lo que ya de por sí hubiera sido una alegría con el calor que hizo en julio en Madrid. Con respecto a nuestra participación en la Navacom fue todo lo bien que cabía esperar. En este punto es donde más hincapié vamos a hacer ya …

Primer capítulo de una novela inédita en alabastro, lo nunca visto


Septiembre: ¿Estás sufriendo el síndrome post-vacacional? ¿No te has podido ir de vacaciones porque no te llegaba la pasta y estás canino en cuanto a ofertas de trabajo? ¿Agobiado por la rutina y el gasto de la vuelta al cole? ¿No sabes por dónde empezar tus proyectos? ¿Te has caído y no puedes levantarte? ¿Alguien no consigue ver al lindo gatito? Echa el freno, respira hondo, cuenta por lo menos hasta tres. No todo en este mes es estresante. En quince días podrás tener en tus manos “Después de un largo sueño”, el primer capítulo de El Despertar (Ciclo de la Torre Negra), disponible en varios formatos: .pdf, .epub, y cincelado en alabastro. Relájate y evádete durante unas páginas. Tu mente y tu cuerpo te lo agradecerán y, por supuesto, tendrás un tema diferente del que hablarle a tu gente. 

Para abrir boca, ahí va el primer párrafo:
“Era una noche tempestuosa. La lluvia golpeaba con fuerza la puerta, el techo y las ventanas de aquella pequeña posada. Los relámpagos iluminaban todo con sus estallidos de luz. Los truenos estremecieron al dueño del lugar. Aquel hombre había soportado muchas tormentas y para espantarlas se mantenía en constante actividad. Ahora secaba deprisa los cuencos con un trapo detrás de la barra donde servía a los paisanos; solo frecuentada por uno de ellos, y miraba a su hermosa hija cómo recogía las mesas; vacías en su mayoría. El posadero meneaba la cabeza: hoy no había sido un buen día…”

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